…Nos pueden dar un poco de gasolina? …


Fue el año 2001 cuando viaje por primera vez a Colombia. Para ese entonces no existían las conversaciones de paz y el Plan Colombia traía más problemas que soluciones. El conflicto entre guerrilla, paramilitares y el gobierno abarcaba todo el país y todas las capas sociales.

Meses antes de mi vuelo sostuve varias conversaciones con mis representantes colombianos los cuales me mantenían al tanto de la situación. Ellos al igual que yo sopesaban la situación como un poco peligrosa pero si se mantenían ciertas reglas de seguridad, el viaje no representaba mayor peligro, en todo caso ellos se encargarían de que no sucedieron nada del otro mundo o algo desagradable. Yo pensaba qué por mi condición de peruano no llamaría mucho la atención, podría moverme sin mayor problema. Una colega mía desistió del viaje pocos días antes de iniciarlo. Ahora pienso que esa fue una decisión que me evitaría mayores inconvenientes.

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Recuerdo de Colombia

El vuelo de Düsseldorf a Cali duro algo de 15 horas, que desperdicio de tiempo. En el trayecto del aeropuerto hasta el hotel, el taxista me informaba sobre la situación actual. En un primer momento fue extremadamente cuidadoso con sus explicaciones, sin embargo, poco a poco fue saliendo de su reserva y empiezo a contarme en forma explicita y con lujo de detalles todos los problemas por los cuales el ciudadano normal y corriente sufría por este conflicto sin sentido: „La vida en Colombia es muy tensa, no solamente la guerrilla y los paramilitares mantienen a la población en sosobra, por el contrario las diferencias entre los barones de la droga contribuían a que en Cali como en todo Colombia se viva la mayor inseguridad de todo el continente. Hace dos horas aproximadamente se encontró el cadáver de un hombre de dependencia libanesa. La policia sospecha un acto de ajuste de cuentas entre las bandas de narcotraficantes. Cuando el taxista terminó sus „informes“ una mezcla de desesperación, miedo y tensión fue inundando mis ánimos. Al momento de bajar del taxi el chofer me dijo con pena en los ojos: „Así es Colombia mi amigo, cuídese“ y en ese momento me pregunte que hago aquí? Porque no me quede en Alemania, con mi familia disfrutando de la paz social de este país?!!

Pero bueno ya estaba en Cali, no había forma de salir de la situación y si me permiten ser sincero, tampoco quería salir o irme sin haber conocido un poco de Colombia, un país muy especial para mí! Al día siguiente Carlos Mario, asesor de la organización a la que vistaba, me recogió del hotel (el dueño del hotel era un suizo enamorado de Cali, yo diría más de las caleñas), nos dirigimos a las oficinas, conversamos con parte del personal sobre cual es el objetivo de la visita y por supuesto sobre el recorrido de la misma e inmediatamente nos pusimos en camino a Argelia, 9 horas de distancia de Cali en el departamento del Cauca, allá queríamos visitar a productores de café, ver sus parcelas, yo quería contarles lo que es el comercio justo y lo importante que es los productores para nuestro trabajo.

Durante el recorrido Carlos Mario comentaba lo que no debemos hacer para evitar que la guerrillas, los militares o los paramilitares nos paran en el camino, por ejemplo nunca viajar de noche ya que existe la posibilidad concreta de que el auto en un rete sea “nacionalizado” y pase a prestar sus servicios a otros dueños. En el mejor de los casos nos tocaría continuar el viaje a pie. También me pidió no decir nada en el supuesto “muy remoto” de ser controlados, mi acento podría delatarme y traerme problemas. Argelia es un pueblo que se encontraba en ese entonces en una “zona liberada”, allí mandaba la guerrilla de las FARC. Antes de mi visita parece que se tomaron algunas “medidas” de seguridad, o por lo menos eso fue lo que me contaron para tranquilizarme o quitarme el susto. Por ejemplo algunos miembros del pueblo hacían de “hombres de enlace (no tienen nada que ver con los enlaces de FLO)”, ellos estaban informados de la visita, su labor consistía en mantener al tanto a los sublevados y sobre todo obtener su permiso. Eso fue lo que me contaron, si es cierto o no, creo que nunca lo sabré y a estas alturas tampoco me quita el sueño.
En el camino a Argelia nos pararon unos uniformados, cuatro hombres bastante jóvenes con uniformes verdes, penase que eran soldados y que pertenecían a una de las ramas del ejército. No preguntaron por nuestros documentos, lo unico que querían era gasolina para poder cocinar sus alimentos. Carlos Mario les dio 5000 pesos, algo de 5 marcos en ese entonces. Estos uniformados bien pueden ser guerrilleros o paramilitares, todos llevan el mismo uniforme y todos pedían dinero o gasolina. Después de ese impuse continuamos viaje hasta llegar a la comunidad Patía, aquí se encuentra una fabrica de mermeladas del proyecto, el jefe de producción Otto nos estaba esperando, con él el grupo ya estaba completo. El camino a veces estrecho otras veces de terraseria nos llevo por paisajes hermosos, caídas de agua impresionantes y pueblitos bastante coloridos.

Durante del viaje Otto no se cansaba de explicarme una y mil veces que el agua potable en Alemania estaba por lo menos ocho veces “uretreada”. Al principio no entendía lo que quería decirme o mejor dicho no quería entenderlo ya que eran las épocas en Alemania donde la calidad del agua era excelente, por radio y televisión nos decían Raymundo y todo el mundo lo bueno del agua alemana. No tenía ganas de que alguien me explicara lo contrario y sobre todo “uretreada”.

El viaje continuo, sin mayores problemas ni sobresaltos. A la entrada del pueblo Argelia había un soldado haciendo guardia. Otto me dijo: “no es soldado, es guerrillero” Ahia!! Creo que nunca hubiese notado la diferencia entre un soldado y un guerrillero. Todos tienen o tenían el mismo uniforme, casi similar armamento, todos exigían dinero, todos pedían gasolina y por último todos decían lo mismo: “Peleamos por Colombia”

Justo a la entrada del pueblo Argelia nos controlo la policia, si exacto, fue la policia la que nos controlo y nos pregunto que queríamos y a donde viajamos. Para mi era un desconcierto, como era posible que la policia cumpla sus funciones teniendo a unos metros de distancia a la guerrilla cumpliendo también sus funciones. Que hacia la policia en una zona “liberada”?! Carlos Mario y Otto comprendían mi sorpresa, ellos tampoco tenían idea de lo que estaba pasando y por qué pasaba.

El viaje a Argelia llevó casi todo el día, agotado por el trajín comí un poco y me fui inmediatamente a dormir. Mi alojamiento era en un internado donde 60 niños aproximadamente podían gozar de un techo y de una educación bastante de calidad comparada con los demás colegios de la zona. Los niños eran cuidada dos en parte por sus madres, ellas les cocinaban y hacían con ellos otras actividades aparte de las clases normales, sobre todo en la agricultura. El internado quedaba a las afueras del pueblo rodeado de una vegetación bastante singular y hermosa al amparo de unas montañas no muy altas pero que inspiraban cierta seguridad.

El segundo día estuvimos visitando las parcelas de café de los productores, estuvimos casi todo el día en el campo en largas caminatas, subiendo todos los cerros posibles. Creo que esto fue algo planeado con premeditación y alevosía: Me llevaron a pie a los lugares más alejados, me hicieron subir cerros, pasar riachuelos. Cada paso era como si me estuvieran diciendo: “Para que veas donde viven los productores”. Parece que se les olvido que venia también de un país con las mismas condiciones. Sin embargo, lo que me reconforto fue las conversaciones con los productores, entender la situación por la que pasan así como también que ellos conozcan lo que es el comercio justo, sus posibilidades y limitaciones. Esas conversaciones fueron buenas! Curiosa fue la conversación con un productor que cultivaba café organico como producto legal y coca como producto ilícito. Gracioso era que tanto el café como la coca eran de calidad orgánica. Indudablemente que con la coca ganaba mucho más, sin embargo, ante la amenaza del Plan Colombia sus perspectivas no eran color de rosa.

De regreso al internado, por la noche estuvimos comiendo con los niños del internado, esa mezcla de despreocupación propia en toda la niñez mezclada con un sexto sentido de alarma, me llamo mucho la atención. Estuvimos viendo una película, se trataba de un partido de futbol, algo muy divertido ya que toda la trama se desarrolla en torno al partido y a los equipos contrincantes: el ejército contra la guerrilla. Termino en un empate, cero a cero lo que al final también demuestra la falta de sentido del conflicto que consume a Colombia desde hace decadas.

Igual que la noche anterior, más cansado que el día anterior, me retire a mi habitación con la idea de la noche tranquila que me esperaba, al día siguiente queríamos regresar a Cali. Yo estaba contento y bastante tranquilo de no haber tenido la oportunidad de conocer a la guerrilla personalmente. Mi habitación quedaba bastante retirada de las casas principales del internado, por las noches solían cortar la luz, de tal manera que el internado caía en una oscuridad interrumpida únicamente por la luna o por las estrellas, un ambiente hermoso acompañado por el ruido de los animales, las sombras de los arboles y una brisa que llenaba el espacio con el perfume de las flores. Un paraíso!!

Mi habitación era todo lo contrario a este paraíso, era frio y completamente oscuro, recuerdo que no podía ver nada, con las justas pude alcanzar la cama sin tropezar y creo que con ropa y todo me invadió tal sueño que en cuestión de segundos estaba ya en otro mundo. Calculo que habrán sido las cuatro de la mañana cuando escuche que alguien entraba a la habitación y se desplazaba con el más absoluto cuidado, casi diría yo que estaba flotando en mi dirección, era Omar el cuidador del internado que rompió el silencio al momento en que cerro la puerta. Asustado y con los… en la garganta grite bien fuerte: Quien esta allí? Omar me contesto: Kleber no quería despertarte ni tampoco ponerte nervioso, pero si escuchas un helicóptero que vuela sobre nosotros, corre inmediatamente al bunker, parece que la guerrilla está atacando a la estación de la policia”… Por supuesto que no espere a que la guerrilla viniera, inmediatamente corrí al bunker mientras Omar me explicaba bastante nervioso lo que estaba pasando a unos metros de nosotros. Resulta que el internado quedaba en un sitio estratégico en el pueblo y lo combatiente lo utilizaban como camino de fuga. En esa noche los guerrilleros y el ejército libraban ataques en la región como en otras tantas oportunidades trayendo dolor, miedo y lagrimas a los lugareños. La guerrilla atacaba a la población desde los cerros, la policia trataba de detener el ataque copn ayuda de helicópteros que nosotros desde el internado no podíamos ver pero si podíamos oír. Por lo demás tanto soldados como guerrilla disparaba en medio de la oscuridad a lo que se movía. No podíamos ver nada, únicamente el fuego que escupían las armas cada vez que disparaban… continua

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